ha sido publicado en el libro de poesía y narrativa editado en México A FLOR DE PIEL bajo la editorial Trajinar de Letras y compilado por la escritora Emma Villa Arana
Significar que es mi primera incursión en la narrativa eroticohumorística de ficción.
LAS SIRENAS
No se rían que tengo un problema serio. Les pongo en antecedentes. Me gusta mucho el cine y veo películas sin parar. Y sé que les va a resultar extraño que les cuente que, cada vez que sale una secuencia con un vehículo con la sirena a toda marcha pitando por las calles, me motivo. Sí, sí, de esa motivación que ustedes piensan y que no me atrevo a escribir.
Y claro, a mí que me gusta disfrutar la vida, siempre elijo películas de acción para ver muchas persecuciones. Qué bien me lo pasaba. Desahogaba mis instintos más profundos y sexuales y era feliz, pero cada vez me motivaba menos. Llegó un día, que bajé a la panadería, que había una ambulancia en la puerta con la sirena encendida. Al ver que la conductora era mujer, me subieron mis pulsaciones y otras cosas más visiblemente evidentes. Y, sin pensarlo, me tiré al suelo fingiendo un infarto. ¿Se imaginan el rato que pasé montado en una camilla con esa diosa tomándome la frecuencia cardiaca? Ese momento fue impagable.
Y lo que habría parecido un momento de placer se convirtió en un grave problema. Ahora, cada vez que veo una chica conduciendo una ambulancia, me tiro al suelo delante de ella fingiendo lesiones. Son mejores que las enfermedades porque si creen que hay fractura, te montan y te llevan al hospital con las sirenas al viento. Tres veces llevo ya esta semana y ya me empiezan a conocer. La última, ni se paró. Ahora estoy empezando a fingir delitos delante de los coches patrullas de la policía. Eso sí, cuando la agente es una mujer. Y claro, como se me vaya la mano, algún día acabo encerrado.
Por cierto, ¿alguna de ustedes tiene un coche con sirena de esas que se sacan y se ponen en el techo? Les aseguro que no se van a aburrir conmigo.
ha sido publicado en varias Revistas y algunos Medios de Comunicación en España y México.
Akira Takeda se había criado en las afueras en un pequeño pueblo rodeado de minas de carbón, en la Prefectura de Yamaguchi, Japón. Sin amigas, casi siempre iba triste. Siendo la menor de siete hermanos, sus padres no sabían cómo hacer para sacarle la expresión facial. Si bien es cierto que la mirada la había desarrollado de tal manera que era como si hablara sin decir palabras. La madre, con la que más tiempo pasaba la niña, no se preocupaba tanto. La veía feliz, pese a su introversión, y con eso se conformaba. Además, la joven tenía la capacidad de que, cada vez que abría la boca para hablar, se hacía un silencio en toda la casa para escuchar lo que decía. Esto era por dos razones; la primera era porque era tan raro oírla hablar que todos querían escuchar esa voz tan a medio camino entre dulce y misteriosa que tenía. La segunda razón tenía más que ver con la gran capacidad de observación que tenía. Siempre estaba escuchando y aprendiendo y eso, unido al coeficiente intelectual que poseía, la dotaba de una sabiduría con la que cargaba cada palabra que salía de ella. El padre les decía a sus hermanos que tenían que anotar las «verdades de Akira», que era como él llamaba a esas sentencias que ella pronunciaba.
Estaba a punto de cumplir los 20 años, que en aquella época era el límite de la mayoría de edad en su país, y cabe decir que estaba considerada una de las chicas más guapas de la universidad. Además, ese halo de misterio que transmitía le daba un valor añadido a las miradas de la gente. Llegados a este punto, quiero contarles que ella no es que no quisiera contestar, es que no hablaba cuando no tenía nada que aportar y ella consideraba que eso era casi siempre. Con una de las personas con las que más hablaba era con el profesor Nunku Jishimura. Él, aparte de la docencia, era fotógrafo. Empezó muy amateur, pero ya le habían publicado algunas fotos en prestigiosas revistas y, de vez en cuando, venían medios de comunicación a entrevistarlo. Ella lo admiraba más de lo que admitiría. Ya, de decir que estuviera enamorada de él, se lo negaría incluso a sí misma.
Pero es verdad que ella le preguntaba algunas veces por sus fotos, cuando veía alguna nueva publicada. Y, aunque ella se dedicaba a escucharle, las preguntas que hacía permitían que a esas reuniones apartadas del resto de los alumnos se las pudieran considerar conversaciones. Él sí sabía que estaba enamorado de ella. Y siempre le decía: «Algún día quiero hacerte una fotografía que refleje tu ser». A lo que ella sonreía en silencio, a lo que se podría interpretar con mi claro: sí.
El día de su 20 aniversario le hicieron una fiesta en clase. Ella, cortés y educada como pocas, correspondió al cántico oficial y a la tarta con unas breves palabras. Y recibió algunos regalos, pero uno le abrió el corazón como pocas veces lo había notado. La que sí notó algo fue su madre al llegar a casa. Le empezó a contar con pelos y señales que el Maestro Nunku la había seleccionado para hacerle una sesión de fotos. Hablaba tan rápido y con tanta emoción que los hermanos que estaban en casa en ese momento no podrían dejar de escuchar con la boca abierta, como si estuvieran viendo a un ser que no era Akira. La madre le dio la bendición y le dijo que ya no tendría que pedir permiso al padre, así es que podía aceptar si eso la iba a hacer feliz. Aun así, ella quiso consultarle a su progenitor. Era un hombre de mucha vida y sabría orientarla. Y así lo hizo. Le hizo ver que, aunque conocía al maestro Nunku y le tenía en alta estima, desconfiara por si llevaba otras intenciones que no solo fueran las artísticas. El mundo de las modelos y la farándula nunca lo quiso para ninguno de sus hijos y menos para su pequeñina.
Aun así, también le dio las bendiciones, después de que ella le prometió que no se quitaría nada de ropa y que solo haría fotos con las que su familia se pudiera sentir orgullosa de ella. Y quedaron un día en lo alto de una colina en la que ella se refugiaba cuando quería estar sola. Solo y abandonado entre dos árboles había un viejo balancín en el que ella se mecía sola. Hablaron de la foto que le iba a hacer hasta que fue la propia foto la que surgió ese día. Ella, sentada en a horcajadas de espaldas, era como si le estuviera dando la espalda al mundo. El entorno despoblado de vegetación daba una sensación yerma de vida. Con la primera foto que le hizo, logró captar toda la tristeza que transmitía y que solo su familia sabía que no existía.
—¿Así me ve?, Maestro, ¿triste? —preguntó ella.
—Sí, claro, como todos. Parece que no haya vida a tu alrededor. —respondió él, muy seguro de su afirmación.
Ella, en casa, analizó la conversación con el maestro Nunku. Intuía que eso que le dijo pudiera estar pasando y ahora estaba seguro. Para los demás, ella parecía una persona triste. Y no lo era. Decidió hacer un esfuerzo y abrirse a los demás. Y que su padre le regalara una cámara de video la ayudó a fomentar sus encuentros con el fotógrafo que la orientaba y la enseñaba sobre encuadres, equilibrios de color, transmisión de emociones; para lo que él era un verdadero artista y, sobre todo, a tener una filosofía interior que poder contar en sus grabaciones.
Y, como todos saben, el roce hace el cariño. Se sentían atraídos el uno por el otro. La diferencia de edad no era tanta y el escollo podría ser salvable, pero cada uno tenía miedo de no poder enfocar el amor de una manera que el otro necesitaba y eso les retraía los instintos. A ella le atraía como nadie lo había hecho en la vida, aun sabiendo que su vida era hacia adelante y que no podría realizar sus sueños si dependía de que el volante del coche lo llevara otra persona. Era una contradicción el querer ser acompañada por ese hombre y poder mantener la sensación de la independencia más pura de decidir sus metas futuras. Eso la condenaba a vivir en un amor hermético.
Él no quería tener pareja. Llevaba 20 años desde que rompió su última relación y sabía que no era culpa de nadie, sino de su forma de enfocar la vida. Incapaz de adaptarse a la vida de nadie, nunca quiso obligar a ninguna mujer a tener que amoldarse a la suya. Siempre odio ese egoísmo y no quería ser él un claro ejemplo. Le costó una década entenderse, hasta que logró armar en su cabeza un sistema que le permitiría tener relaciones sin hacer daño a nadie y sin sentirse mal. Lo llamaba «La teoría de las Confianzas». Y esa noche, Akira, que se envalentonó a preguntarle por qué no tenía pareja, tuvo la oportunidad de escucharla. Y, oyendo la voz calmada del gurú, iba adaptándose a las verdades que salían de esa mente privilegiada. Es como si ella estuviera escuchando lo que nunca se había atrevido a ordenar en su cabeza y que, ahora, acababa de ver con una claridad meridiana. Y concordaba con una de las frases que alguno de sus hermanos habrá apuntado y que dice: «Nadie es de nadie».
—Tú a las personas que conoces las clasificas. A todas, de mil maneras diferentes: por cómo te caen, por lo que puedes sacar de ellos, por lo graciosos que son, por lo lindos y por mil cosas que se te ocurran. —comenzó argumentando el maestro—. Y una de las clasificaciones que hacemos es la de las confianzas que le otorgamos a las demás personas de este mundo. A los que no conoces, no les das ninguna confianza, pero cuando te presentan a alguien, le das un saludo. Eso significa que tiene tu permiso para saludarte cada vez que le apetezca. Ya es un grado de confianza más que al resto. Cuando ya lo vas conociendo mejor, le estrecharás la mano. Eso es algo más que un simple saludo. Sirve para diferenciar a los que conoces, pero tienes un acercamiento más allá del saludo de cortesía. Pues ese es un segundo escalón de confianza. A algunos, incluso, llegarás a darles un abrazo, porque darles la mano no refleja lo que confías en él. A otros con más confianza les darás un beso y, cuando la confianza es mucha, podrás darles un beso en los labios. Como ves, a cada escalón de confianza que subas, más reducido es el número. No creo que tú le des besos en los labios a todo el mundo.
Ella, escuchando estupefacta, entendió algo que ella misma había pensado y que no había logrado contárselo a sí misma con esa claridad. Hizo suya esa teoría desde ese momento. Pero quiso saber un poco más.
—Y el sexo, ¿qué papel juega el sexo en esta trama? —volvió a indagar, absorbiendo toda la información que podía.
—El sexo es el escalón más alto de confianza. Cuando con alguien tienes la confianza de entregar tu cuerpo sin miedo a nada, con esa persona puedes hablar del tema que quieras y no te va a fallar nunca. Siempre será sincero contigo y no tendrá sentido esconderte sus acciones o sus emociones. Estaréis los dos en la cúspide de la confianza. Y por ello existe la fidelidad. La mayoría de los humanos solo le entregan esa confianza a una persona y esperan que sea recíproco. Dos corazones unidos en la confianza suprema. Y sí, eso está muy bien, pero se puede llegar a ese grado de confianza con otras personas. Por eso yo no tengo novia. Necesito la libertad de poder elegir las confianzas que le doy a las personas.
Ella, movida por un impulso que ni ella se vio venir, lo besó en los labios.
—Quiero tener confianza para besarte cada vez que nos apetezca. —dijo ella al separar los labios.
—Tú eres un ser de luz que quiero que brille siempre conmigo; estemos donde estemos, cerca o lejos, siempre que los necesites, estos labios estarán para ti siempre que no te hagan sufrir y sepas disfrutar de que la confianza es hacia los dos lados. Besarnos en los labios nos acercará tanto que siempre entenderemos que el resto de los mortales están más lejos de nosotros y en nuestros labios tenemos el refugio el uno del otro en los momentos en que las cosas no vayan como uno quiere.
Y esa amistad sigue hasta hoy en día. No lo duden. Pero sigo con el relato. Cuando los dos vieron que, besándose en la boca, los dos se sentían mejor, comenzaron a tener sexo. Placentero, sin posesiones. Recuerden que nadie es de nadie. Mirándolo con ese prisma, todos podemos disfrutar de todos.
Nunju Jishimura contactó con un escritor español que tenía una web de relatos. Los fotógrafos le mandaban una de sus mejores instantáneas y él, con lo que veía en ellas, les escribía un relato que luego colgaba en las redes sociales. Se decidió a mandarle la foto que le había hecho a Akira en lo alto del descampado, montada al revés en el balancín. Ese relato lo leyó un galerista que, aunque vivía en Palencia, hacía unas exposiciones pequeñas, pero bien cargadas de público en Madrid-Centro. El fotógrafo japonés ya había expuesto en muchos países de Asia, pero en Europa sería la primera vez. La joya de la exposición era la foto titulada «La modelo triste».
Por su parte ella, tras haber participado en cinco cortometrajes como actriz, había rodado su primera película. No era la protagonista, pero el apoyo positivo al personaje de la actriz principal le valió muchos elogios. Aprovechó su viaje a España para traerse la cámara y realizar su primer cortometraje como directora. O por lo menos intentarlo. Uno de los condicionantes que Nunku puso para ir a España era que le pagaran el pasaje, también, a la modelo. Cosa que no fue considerada un problema. Así fue como Akira puso los pies en España y se dispuso a contar su primera historia, que protagonizaría ella misma.
Al llegar a la exposición, el director de la galería, al escuchar los planes de la chica, le dijo que tenía un amigo que se dedicaba a las cosas del cine. Le propuso contactarlo para que le echara una mano. Y así fue como conoció a Brian. Hablaba más de comida que de cine y es que de cine no sabía nada. Él se dedicaba a las comidas de los rodajes. Pero se cayeron bien. Y, aunque él no sabía cómo se apretaba el botón de grabación de la cámara, sí le presentó a la chica a los que saben hacerlo a la perfección. Y ella rodó su primer corto.
Nunku se dio cuenta de que ella ya no le prestaba atención; ella ahora solo hablaba con su cámara y el bolígrafo con el que reescribía las frases de los diálogos. Se alegró tanto por ella. No creyó estar perdiéndola porque nunca tuvo la sensación de que fuera suya. Esa era la teoría de las confianzas. Y así se volvió el fotógrafo a Japón, solo pero unido a Akira para siempre. Unión que refrendaron la última noche con una sesión de sexo especialmente inolvidable. Ella le regaló que pudiera hacerle una foto desnuda para él. Tenía la certeza y la confianza para saber que ese era un secreto para los dos. Esa noche, subieron otro escalón en la confianza.
Ella se quedó. Los chicos que la ayudaron a rodar su cortometraje la metieron en el rodaje de una película, insistiendo mucho a Sandy Zucko, la directora. Pero, una vez que trabajaron juntas, ya se encargaba ella de escribir en el guion un personaje femenino oriental para poder incluirla en el reparto. Además, sabían que tenía confianzas especiales con Brian y que cuando estaba contento les daba mejor de comer.
Hay que reconocer que, a Brian, esa Teoría de las Confianzas no le encaja bien del todo. Ella, de vez en cuando, se la tiene que recordar, porque él, lo que quiere es casarse con ella, pero no le queda más remedio que aceptar. Es eso o nada. Y lo sufre en silencio. Ella lo intuye y no sabe cómo hacerle entender que cuando logra despojarse del yugo de la propiedad, empieza a fluir con el mundo.
Un día Akira vio cómo, en uno de los rodajes, cada vez que le tocaba el turno a una chica figurante, siempre se sentaba un rato a hablar con ella. Se notaba que a la chica Brian le gustaba y él no notaba nada, simplemente se dejaba llevar por la buena onda que le transmitía. Akira, cuando todos estaban recogiendo los enseres del rodaje, le interrogó.
—A la chica que hace de niñera le gustas. —Le soltó, sin más.
—¡Alaaaa! Exagerada.
—Que ya te lo digo yo. ¿Qué harías si te besa? —le preguntó con esa mirada que ella sabe poner.
Él no supo contestar.
—¿Te gustaría que lo hiciera? —le volvió a insistir.
—No, no, ¿cómo va a ser eso?
—Yo sé que te gustaría. Pero no te vas a dejar hacerlo. Me respetas demasiado. Cosa que me halaga, pero a mí me haces sentir mal. Me haría más feliz si te besara y tú los disfrutaras a que estés sufriendo por mantener una fidelidad a alguien que no es tuyo. Yo te quiero y quiero que seas feliz todos los días de tu vida. Y si quieres que ella te bese, déjala que lo haga. Y si necesitas que sea yo la que le explique la teoría de las Confianzas, la invitas y se lo explico.
Y se acabó el rodaje. La figurante, ya confiada, le daba un beso en los labios cada vez que llegaba al rodaje y la chica de vestuario empezó a hacer lo mismo también. Ahí fue cuando Brian empezó a entender el verdadero significado del «Nadie es de nadie» cuando es compartido.
—Akira, tengo miedo —le comentó él, en una de las sesiones de sexo entre rodajes que tanto les encantaban.
—Sé lo que me vas a preguntar.
—¿Qué pasa si alguna de ellas quiere sexo conmigo?
—El problema no es lo que ellas quieran, es lo que tú quieras. Si vas a ser feliz o no. Simplemente eso. Ya sabes que, si lo haces y te sientes mejor, no hay problema. Siempre que los dos tengan claro que es simplemente una confianza. Y si, de repente sienten que esa confianza no se la quieren dar a nadie más y quieren una fidelidad. Tampoco hay problema porque eso les hará sentir seguros a los dos.
—Pero te perdería a ti. —terminó sentenciando.
—Nunca vas a llegar a entenderlo. A mí nunca me vas a perder, porque nunca me has tenido y la confianza para irte de mi vida o volver las vas a tener siempre porque te la has merecido.
—La verdad es que me gustaría hacer el amor con ella. ¿Le podrías explicar todo eso? Es que a ti te sale mejor.
—Vale. Invítanos a cenar a las dos una noche de estas.
—Qué fácil es quererte. Siempre me hace sentir feliz que tú estés feliz por mí —acabó reconociendo las ventajas de esa teoría.
—Pues te voy a dar una noticia que te va a llenar de felicidad por mí. Tú sabes que la directora Sandy quiere rodar su última película. Pues me ha pedido que sea yo la que sea la protagonista.
Y los dos, cargados de felicidad, tuvieron una noche de sexo feliz y con confianza.
[FINAL FELIZ]
Este Relato es el quinto de los que formarán parte del libro:
RELATOS Y ¡ACCIÓN!
Durante este año… más noticias.
Otros relatos de esta colección
REVISTAS LITERARIAS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN QUE LO HAN PUBLICADO:
ha sido publicado en varias Revistas y algunos Medios de Comunicación en España y República Dominicana.
Eran las 5:30 de la mañana. Como todos los días, sincronizados, la pandilla se levantaba para iniciar la etapa del día del Camino de Santiago. Ya llevaban 6 hechas y habían desaparecido las agujetas de los primeros días. Habían decidido hacer el recorrido de una forma humilde, quedándose en albergues, pero la imposibilidad de dormir por las noches hizo que decidieran buscar hostales con habitaciones compartidas de dos en dos. Claro, entre los que salían de juerga por la noche porque se toman el Camino como una especie de vacaciones y llegan borrachos a altas horas intempestivas, y los que madrugaban más que ellas, para no coger el sol de mediodía por esos senderos de la Galicia interior, no pudieron dormir ni un rato la primera noche.
Egresado de la Universidad de Colima; es Químico Farmacéutico Biólogo; nacido en Manzanillo, Colima, México. Ha sido promotor de Talleres de desarrollo humano y conferencista en este tema (2004-2012), presidente del Círculo Cultural Cihuatlán en el año 2001; aficionado a las obras literarias de Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft y Stephen King. Le apasiona el Rock y Heavy Metal. Participó en el segundo concurso Estatal de Cuento y Poesía “Manzanillo, Mar Adentro” y en el segundo concurso de Leyendas “Manzanillo en la Memoria 2024”. Vive actualmente en Salagua; Manzanillo, Colima.
HISTORIAS FANTASTICAS CON SABOR A SAL, es el primer libro publicado por el autor; dentro de sus páginas encontrarás una selección de doce relatos, donde se conjugan la nostalgia, la fantasía, la realidad y la ficción.
Ocurrirán fenómenos extraños y paranormales en historias donde sus personajes y lugares son en su mayoría reales, viviendo situaciones fuera de lo común.
Desde sus orígenes, el autor de la presente obra, ha sido impregnado de vivencias entre pescadores, playa y el océano pacífico; y hoy nos lleva a imaginar con sus cuentos las aventuras de sus protagonistas, algunas trágicas otras no tanto; situadas en playas y lugares icónicos en esta región del Pacífico Mexicano.
Muy buenos ratos pasé con Aldo Rincón en el stand de Proyección Literaria, la editorial de Angélica Domínguez que nos publica a los dos. Y más, porque nuestra forma de contar las historias es prácticamente idéntica. Además, tiene un carácter como el mío, somos capaces de sacarle conversación a una piedra. Me encanta la gente así. Y tenía que ser. Pasábamos las horas descubriéndonos el uno al otro y, para mí, es un placer enorme el que forme parte de esta que es mi casa: mi blog. Ya desde que estábamos en México coordinamos en que teníamos que hacer algo juntos y este es el primer paso. Publicar un relato de Aldo, escrito para mis lectores es un privilegio. Lo valoro. Soy de agradecer, como me enseñaron mis padres. Y que la gente haga un esfuerzo por mí, siempre lo anoto en la libreta de las cosas a tener en cuenta para el futuro.
Volveremos a vernos en la FIL 2025 y desde ahora les avanzo que habrá colaboraciones. Y yo, encantado de la vida.
MADRUGADA
Despertó muy angustiado súbitamente, y se percató que no sabía quién era, mucho menos que estaba haciendo en ese lugar. Estaba totalmente oscuro.
No podía recordar absolutamente nada. Imposible acordarse de su nombre ni nada que identificara quien era ni que estaba haciendo antes. Se sentía aturdido en esa oscuridad total, cuando de pronto descubrió que se encontraba entre cuatro paredes de cemento; el espacio entre ellas era muy estrecho.
Al pararse, miró entre la maleza y tierra húmeda, el lugar donde se encontraba.
La luz de algunas veladoras sobre las tumbas derruidas le permitieron ver con más claridad. Estaba en un cementerio.
Intentó salir de la pequeña fosa, tropezó con algunos huesos y parte de un cráneo, —¡Ay, cabrón! —pronunció, sintió escalofríos y el miedo intentaba apoderarse de él.
Como pudo, salió; a pesar de lo dolorido que se encontraba gracias a los golpes recibidos. Miró con atención su entorno y buscó el mejor sendero para salir de ese lúgubre sitio; a la distancia descubrió justo al lado de otra tumba, a una anciana llorando y rezando con un rosario en la mano. Se acercó a ella y dijo: —Señora, ¿por dónde salgo de aquí? —; la vieja continuaba con sus rezos sin voltear, pareciera que no le escuchaba. —¡Ayúdeme señora! —agregó desesperadamente. Ella, ensimismada en su labor, ignoró su presencia.
—¿Cómo llegué aquí? —se preguntó; seguía sin recordarlo. Retrocedió hacia el sitio de donde salió; pudo observar con más claridad la fosa en la que se encontraba. Miró su nombre inscrito sobre la lápida; el dolor se hizo más intenso y un grito ahogado emergió desde su alma: —¡Nooooooooooooo!—. Recuerdos vagos de la paliza que le ocasionó la muerte, llegaron de repente; justo en ese instante su figura espectral se desvaneció en medio de una corriente de aire que apagó la luz de la veladora; paralelamente la silueta de la anciana se extinguía.
—¿Escuchaste eso? —dijo el guardia.
—Sí; escuché algo a lo lejos —contestó el segundo, dando un sorbo a su taza de café.
Sintieron una corriente de aire frío entrar por la ventana de la caseta de vigilancia en la entrada del panteón.
—Dicen que se escuchan cosas a esta hora de la madrugada; mejor tomemos ese café y encendamos la radio, pronto amanecerá—. Dio otro sorbo a su taza y cerró la ventana.
Nació en Guadalajara, Jalisco; México el 3 de noviembre del año 1982, es abogado de profesión y activista social, desde el año 2022 empezó a escribir sus poemarios en su antología llamada «Paesía, una expresión del alma» con los volúmenes I, II y III. Actualmente se encuentra trabajando el volumen IV de Paesía. Piensa y siente que el arte es la máxima expresión del alma, motivo por el cual en sus obras busca que las personas toquen las fibras más sensibles de su corazón para que puedan despertar la magia y la alquimia que con lleva la poesía con el ser, fusionando el sentir en cada persona.
Con Marcos conecté con facilidad. Es un amigo de sonrisa fácil y de lenguaje empático. Con eso, la gente me gana, siempre. Tuve la oportunidad de ser entrevistado por él (junto a Vish y Arturo Accio) en la estación de tren ligero de Juárez, en Guadalajara (México), con motivo de la presentación de mi libro «Relatos a quemarropa» en 2024. La entrevista, de las más divertidas que me han hecho, buscaban más conocer a la persona que al autor. Eso habla mucho de las inquietudes de este poeta. Le gusta conocer a la gente, mezclarse con ella, recibir aportes y enseñanzas. La conexión fue tal, que me invitaron a presentar, junto a él y otros autores, mi libro en algunos eventos de LA OTRA FIL. Y ahí, todos autores independientes y abiertos a las experiencias y al mundo, fue donde se fraguó esta amistad de la que hoy presumo. Volveremos a vernos este año, en mi viaje a México, y volveremos a colaborar, no les quepa duda. Me encanta encontrarme así gente por el camino; creo que es una de las cosas que le da sentido a todos los esfuerzos que hacemos por publicar.
Gracias, Marcos, por acogerme y poner otro punto de aprendizaje en mi viaje a México.
EGO NOSTER
Ego nuestro que estás en el cuerpo magnificado ha sido tu nombre ven y daña nuestros sueños hágase tu voluntad en la tierra como en mis anhelos danos hoy nuestro daño de cada día no perdones las ofensas como también nosotros ofendemos a quienes nos quieren no nos dejes caer en la humildad y líbranos del amor propio amén.
OLVIDAR
Es el comienzo para una persona pues olvidar no es huir es el efecto que motiva y ocasiona la oportunidad del corazón para latir ya que perdonar, amar y soltar eso nunca será olvidar.
ha sido publicado en varias Revistas y algunos Medios de Comunicación en España y México.
Diógenes Napo siempre soñó con ser actor. Comenzó colaborando con sus amigos en los rodajes en los que le llamaban, sin cobrar, como siempre. Pero lo disfrutaba y con eso le valía. De hecho, eran tan independientes que en muchos de ellos no había ni maquilladora. Cosa que le irritaba. Muchas veces, cuando alguien le ofrecía un proyecto, antes de leer el guión preguntaba si tenían quien le matara los brillos para lucir en cámara como un profesional. Se redujo considerablemente la cantidad de proyectos al año en los que requerían su presencia, hasta que decidió aprender a maquillarse él mismo. Ahora todo fluía. De hecho, empezó a trabajar en más cantidad de rodajes y algunos de bastante más nivel. Se fue corriendo la imagen de su profesionalidad hasta el punto de que en alguno de ellos le ofrecían el papel y un poco de dinero si maquillaba a los otros actores.
Arturo Accio, nació en Guadalajara México, se autodefine como activista literario y buscador de imágenes alternas de la realidad, caracterizado por un humor crudo y retratar el sinsentido de la vida, cuenta con cerca de cuarenta publicaciones desde el año 2000, trabajos de poesía, cuento corto, novela, una ópera y una obra de teatro, ha sido traducido al inglés, portugués, y polaco. Su obra la puedes encontrar gratuita en:
A Arturo lo conocí en mi viaje a Guadalajara (Jalisco, México) de 2024. Yo había ido a presentar mi libro de historias «tarantinescas», «Relatos a Quemarropa», y Angélica Domínguez, dueña de la editorial Proyección Literaria que lo publica, me consiguió una entrevista en la estación de tren ligero de Juárez. Nos lo pasamos genial. Pocas veces me han hecho una entrevista con tanta cultura subversiva en la que hablamos de aspectos de mi vida más que de mi obra. La conexión fue tal que me propusieron presentar mi libro en algunas actividades de LA OTRA FIL. Yo no conocía de qué se trataba, pero rápido me vi rodeado de gente afín a mí. Creadores, independientes, fieles a sí mismos y al público que les ayuda: y a nadie más.
Tras hacerle un hueco a mi libro en sus presentaciones, llegó la amistad, que se refrenda con las ganas que tenía de que formaran parte de mi blog. Y será la primera de más colaboraciones. Por lo pronto, aquí les dejo algo de su obra. Mi luna está encantada de estar rodeada de satélites como él. Siempre dispuesto a ayudar. Y yo, eso, siempre lo pago con mi amistad inquebrantable.
TOO MANY CATS
Héctor se había despertado con el dolor de cabeza más insoportable de su vida, según su propio análisis estructural, tomando en cuenta la relación entre calidad de alcohol y cantidad ingerida, aunque lo que en realidad lo estaba matando era el tabaquismo, una segunda opinión de un doctor le había dado ya un ultimátum y cada vez que tosía lo comprobaba. Tenía en el cuerpo tres parches para tratar de controlar su adicción sin haber logrado gran resultado, ya que su problema era más mental que físico. Pero por lo pronto lo que lo mantenía en total desequilibrio era esa cruda, la cual redoblaba entonces sus efectos sobre el maestro de ética y filosofía amante de los felinos, haciéndolo desear desaparecer por completo.
Se dirigió al refrigerador decorado con infinidad de figuras de gatos, donde no había alimentos, pero sí cervezas, embutidos y lo principal para él en esos momentos, una bebida energizante. Todo lo tenía previsto hasta el mínimo detalle desde que volvía a su casa, dónde poner cada cosa, descolgar el teléfono, despertadores, y cualquier otro enser que lo uniera con el mundo.
Al dirigirse de regreso a la cama, notó en la sala la presencia de alguien sentado, y que observaba una estatuilla de porcelana del gato Félix con expresión de indiferencia y desesperación en cada ángulo de su cara. Estaba perfectamente vestido al corte inglés, de pies a cabeza de blanco y con la espalda exageradamente recta.
Héctor se ajustó un parche que resistía quedarse en su lugar, meditaba si sería algún conocido de borrachera que invitó a pasar la noche, cosa que sería común y comprensible, dado que en su pequeño departamento no tenía una sola posesión de valor material como para que fuera un asaltante, y su única compañía eran cientos de libros, apuntes, calificaciones e infinidad de objetos relacionados con su obsesión gatuna.
Se desconcertó un poco cuando su invitado le saludó por su nombre, con un aplomo y seguridad que rayaban en lo ridículo.
—Muy buenos días, maestro Héctor.
—Buenos días…
—Oh, creo que no nos hemos presentado aún. Tengo muchos nombres, pero eso ya lo sabes, me puedes decir como te plazca. Te hemos venido siguiendo, tanto el equipo de arriba como nosotros, desde hace mucho tiempo, incluso he de confesarte que resultaste agradable para mí durante una temporada, pero en fin… Como has de suponer correctamente, de este tipo de negociaciones sólo se puede encargar tu servidor.
Apenas iba a formular una pregunta cuando su interlocutor le dijo en tono seco, pero aún cortés.
—No interrumpas. Recuerda los buenos modales que recibiste en la escuela católica y que tanto odiabas pero evidentemente persisten dentro de ti. Déjame terminar de hablar. Te decía, esta historia ya la has leído muchas veces, incluso contesto a tu inminente pregunta, de si se me puede ganar con algún viejo revés de tu servidor escrito, siendo así, lo único que hacen es recortar la posibilidad de volverme a ganar, ya que si la historia la conoces, te resta una oportunidad, pero como los demás, tendrás tú la oportunidad, aunque inútil, según mis propias expectativas.
La expresión de Héctor permanecía incrédula. Pasaron por su mente los relatos que efectivamente había leído al respecto, a sabiendas de que en realidad cada uno era una oportunidad menos a su favor; así como también la sensación de tener que volver a soportar los duros y honestos reglazos disciplinarios por parte de la hermana Margot.
—Contrario a tus pensamientos, lo que haces en realidad es atentar contra todo el sistema, y eso no está bien, de hecho, debido a tu activismo intelectual encaminado a despertar conciencias, puede iniciar un efecto dominó sobre el resto de la gente, hasta hacernos desaparecer como los seres imprescindibles que hemos sido durante muchas generaciones. Para ser más exactos, he venido, no para hacerte una oferta, la situación amerita otra clase de medidas dentro de las reglas. ¿Cuáles?, bueno, podemos concederte un pedido, lo que tú quieras dentro de este ingenioso juego, pero el resultado es inevitable. Tú perderás.
Héctor pensó que era una alucinación por la inhóspita cruda. ¿Y si le pedía alguna prueba a su interlocutor de que era en efecto el gran cornudo? Claro que eso le podría quitar una oportunidad o un deseo, esos cuentos eran a los que siempre les daba la vuelta, la especialidad de él era el materialismo, el nihilismo al grado recalcitrante, los abstractos, no los pequeños trucos. Cayó otro parche hasta el suelo sin que le importara.
—Puedes pedir lo que quieras, incluso, me puedo ir al infierno, pero habrás gastado tu única oportunidad para saber algo de conocimiento extremo, esa mala pasada ya me la hicieron y por ese simple hecho queda descartada como victoria, pero no como deseo.
Héctor sujetó el tercer parche evitando que también cayera. Quiso desear primero que se largara y lo dejara en paz, pero luego se le ocurrieron preguntas interesantes, cómo por ejemplo, la integración de los sistemas de realidad, o la conjetura de Goldbarch, contestar alguna interrogante sobre Nietzsche, luego se le ocurrió una idea. Quizá si intentara con un juego de palabras, podría engatusarlo al estilo del Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas, que por cierto, él creía firmemente que era el lugar donde debería estar en esos momentos, soñando que correteaba a una pequeña e inocente adolescente a la cual no le haría el amor, y le sacaría al máximo la utilidad que tiene la poesía.
Su acompañante notó que su tren de pensamientos de desviaba y le recordó que no tenían todo el tiempo.
—Héctor, tú lo sabes, aunque una eternidad de sufrimiento te espera, por favor date prisa, miles de almas esperan su castigo, y el sufrimiento es un placer para mí del cual me estás privando.
¿Por qué no podría salirse con la suya como lo hace Garfield? Al fin se decidió por algo, aunque no estaba seguro del resultado.
La expresión original de satisfacción con la que el hombre del traje blanco había llegado al departamento del maestro, se transformó en una de hastió. Entonces, en una fracción de segundo, aproximadamente una heptallonésima, para ser más exactos, el entorno cambió, ya veía no un departamento austero y vulgar, sino lo que parecía ser el interior de una caja gigante. Un grito audible, ¿o quizás no?, salía de las entrañas de un ser a la perfección arreglado al corte ingles.
— ¡Maldito seas Héctor, por todas las eternidades y eones por venir!
El Gato de Schrödinger por primera vez tuvo compañía, y se dedicaba a mirar con natural curiosidad al extraño, que no daba crédito a lo que le sucedía.
—Con eso se responde a mi pregunta y quedo cien por ciento satisfecho con mi deseo.
Héctor sonrió, mostrando un aspecto felino y un poco menos escéptico que al inicio del día.
ha sido publicado en varias Revistas y algunos Medios de Comunicación en España y Perú.
Jules Vega hacía poco que se había independizado de sus padres. No es que le hiciera falta, pero su afición a los locales de música en directo le obligaba a ello. Volver a casa, en la periferia, después de los conciertos, en muchos de los casos se hacía inviable y tenía que convencer a algún amigo para quedarse a dormir en su casa. Y más, cuando empezó a colaborar con el sonido de algunos grupos de rock de poca monta. De esos que no duran tres ensayos sin pelarse.
ha sido publicado en varias Revistas y algunos Medios de Comunicación en España, México y Venezuela.
Brian tuvo un restaurante. Ese recuerdo lo va a perseguir toda la vida. No es fácil, en esta España en la que vivimos, convertir el negocio de papa en una referencia nacional. Él y su hermano gemelo se criaron entre fogones. El asador que regentaban a la salida sur de Palencia, dirección Valladolid, se había convertido en paradero ineludible de los sibaritas del buen comer. Ni más decir que su nombre figuraba en lo más alto cuando de «lechazo churro» se hablaba. Este es un plato típico de la zona en el que los corderos lechales solo deberían haber sido alimentados con leche materna.
Tercera vez que voy a la FIL. Nunca me lo pude imaginar. Un comunicador, rodeado de escritores y aprendiendo de todos ellos. Pero, le pese a quién le pese, es la tercera vez. La primera, me lo tildaron de casualidad. ¿Y la segunda? Pues, la sensación que yo tengo de esta tercera es que es fruto del trabajo. Lo estoy haciendo bien y los resultados llegan, acordes al esfuerzo que le pongo.
La razón de este viaje fue la presentación de mi nuevo libro (el segundo) «Relatos a Quemarropa». Un compendio de 13 relatos en los que el denominador común es que, en todos, hay alguna forma de disparo. Con ellos he querido recrear, de alguna manera, la forma absurda (e, incluso, surrealista) de las historias de uno de mis directores de cine preferidos: Quentin Tarantino. Muchos de estos relatos ya estaban publicados en Revistas Literarias: ENTRAÑAS, HECHOS DE HOY, EL ATENEO DE LOS AMIGOS DE LARRA, ACTE VIRTUAL, BUENOSRELATOS.COM (España); PAPALOTZI, PURGANTE, TRINANDO (México) o BAQUIANA (Estados Unidos).