
El beso, ni me lo esperaba ni me lo vi venir. Pero ahí estaba yo, con la nuca pegada a la pared y sus labios pegados a los míos impidiendo cualquier intención de escape. Aunque, a decir verdad, tampoco es que tuviera propósito de hacerlo. Desde que lo conocí hace dos años, reconozco que había fantaseado alguna vez con que pasara, pero ahora que estaba sucediendo no sé si estaba preparada para ello. Sigue leyendo