Hay que reconocer que muchas veces el tono de un mensaje cambia su significado. En eso hay auténticos maestros. No es lo mismo decir “¡ven aquí!” con tonito enamorado, ya que irás corriendo a recibir tu necesaria dosis de caricias, que escucharlo en el tono que te decía tu madre cuando eras pequeño. Sabías que una “caricia” no te iba a caer. Es más, muchas veces es más importante el tono que el contenido. Puedes pillarte un cabreo y soltar una arenga de improperios que no se entiende, que a todos les quedará bastante clarito lo que querías decir.
Reconozco que yo me quedé en el 73 con Bowie y T-Rex, como dice Alaska en la canción. Por edad, disfrute “la movida” en el mejor de mis momentos, cuando me estaba haciendo un hombre. Que soy como soy, tengo claro que influyeron mucho, esos aires de libertad. O como muchos dicen, ese “libertinaje”. Y tuve suerte, porque me tocó vivirla lo suficientemente joven para que no me devorara como a tantos que cayeron en la droga y el descontrol.
Me autoparafraseo con el título de mi propio cortometraje, primero con el que obtuve premio en Festivales de Cine. Me parece que, para vivir en sociedad y ser feliz, lo primero que hay que hacer es respetarse uno mismo para poder ejercer el verdadero respeto hacia los demás.
Candy daba vueltas en la cama. No sabía si era por el calor, por el hambre o por no saber cómo pagar la factura de la luz al día siguiente. Lo poco que tenía en el monedero lo había empleado en comprar un litro de leche y unas galletas, para que pudiera cenar Ricardo, su pequeño hijo.
Por la mañana lo llevó al colegio, convencida de que la señorita Alba le llevaría algo de desayuno. Ellas habían compartido años de estudios y entrenamientos de natación. Estaba agradecida de que, en estos malos momentos que atravesaba, la ayudara en la medida de sus posibilidades sin hacer preguntas.
De camino de vuelta a casa pasó por la oficina de empleo a leer el tablón de anuncios. No llego ni a caminar dos esquinas, cuando un coche paró a su lado. De dentro se oyó una tenue voz que le…
No podemos echarle la culpa a la maldita pandemia. Aunque sí estamos viendo que, el “coronabulos”, también ha contagiado a la sociedad. Ahora, compulsivamente, todos vamos a las redes sociales a explicar nuestra visión de lo que estamos viviendo en el 2020. Recuerdo cuando la información la canalizábamos por los medios de comunicación oficiales. Manipulados o no, que ese es otro debate, nos creíamos todo lo que se decía. Cuántas veces no hemos oído “lo dijeron en la tele”, y ya eso era seguro de veracidad. Teníamos un periodismo profesional que trataba de dar las noticias y su función principal era: informar. Sigue leyendo →
No sé quién fue que dijo: “Todos valemos el dinero que somos capaces de generar”. Ahí acertó de pleno. Y si no lo ha dicho nadie, ya lo digo yo. Cristiano, Messi y tantos futbolistas ganan cantidades desorbitadas de dinero, pero de una forma honesta. Nadie lo olvide. Y pienso que no deberíamos criminalizarlos por hacerlo. Cualquiera de nosotros, en sus condiciones y con sus cualidades, haríamos lo mismo. Y a vivir que son tres días. Sigue leyendo →
Vengo a contarles mi experiencia y a aclarar varios conceptos que pueden ser de interés para la gente que empieza a publicar sus primeras letras, tal y como es mi caso. Todas las opciones pueden llegar a ser compatibles y en estos momentos estoy trabajando en las dos modalidades con mi novela “Las tres reinas” (www.lastresreinas.es). Y, siendo honesto, como siempre, diré que estoy cómodo autoeditándome en España y con la editorial tradicional en México. Sigue leyendo →
Tengo que empezar este artículo reconociendo abiertamente que el verdadero apoyo emocional que tuvimos durante las primeras semanas de la pandemia fue, el nuestro propio: el de los sanitarios. Durante muchas semanas de confinamiento no pudimos contar con el de nuestros amigos, ni con el de nuestras familias porque, en la mayoría de los casos, fue innegable voluntad alejarles de nuestras preocupaciones y miedos. Esa fachada de valentía y de “todo está bien” para no alarmar, nos hacía fingir un estado que no era real. Queríamos demostrar que estábamos bien, para no preocuparles más de lo que lo estaba haciendo “el bicho”. Pero esa no era la realidad. Sigue leyendo →